*Pub-report* Los secretos de las relaciones

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EL PERIÓDICO DE ARAGÓN   14/12/2015

“Es en la relación con uno mismo y con los demás donde surgen los conflictos, el sufrimiento, sea éste el que sea: ansiedad, tristeza, depresión… Es por tanto de vital importancia entender en profundidad la relación.” Esta es una de las tesis que defienden María Ibáñez y Jesús Jiménez, que consideran un error común creer que las relaciones se basan en lo que mostramos, en lo que decimos.

¿Cómo se logra una relación armoniosa?

Según ambos expertos, para conseguirlo “deberíamos ser capaces de entendernos a nosotros mismos, y entonces podremos entender a los demás…Leer artículo de El Periódico de Aragón

*Entrevista* Para vivir las cosas de otra manera hay que tener curiosidad…

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EL PERIÓDICO DE ARAGÓN   21/10/2015

El psicólogo Jesús Jiménez Cascallana y la psicoterapeuta María Ibáñez Goicoechea imparten una conferencia sobre psicología práctica e introspección el jueves 29 de octubre en el Centro Pignatelli de Zaragoza. La actividad está dirigida al público en general y la entrada será libre hasta completar el aforo.

-¿Por qué es necesario aprender psicología práctica e introspección?

-Para aprender a resolver lo que hace sufrir. La mente de cada uno, la percepción más o menos acertada de la realidad, condicionará todo lo que le ocurre a una persona en su vida. Similar a lo que condiciona la vida a una persona que le falte el sentido de la vista. Mostramos la forma más eficaz y correcta de descubrir, y corregir, los errores psicológicos que impiden llevar una vida satisfactoria…Leer la entrevista completa

Las emociones y el tiempo

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Muchas personas piensan, probablemente sin haber reflexionado sobre ello, que las emociones que se sienten en la infancia son cosas de niños, que desaparecen con la edad. Pensando de este modo, creen que con la edad uno no debería sentir temores, que no debería emocionarse con ciertas cosas, o disfrutar con cosas sencillas como un niño. Pero ser maduro no significa ser insensible, ni significa no tener emociones. 

Por un lado, las emociones que se reprimen, en la infancia o despues, que no se han afrontado y sentido conscientemente, seguirán pendientes de resolver, por mucho tiempo que pase. Los temores que no se han resuelto (y si no se han sentido conscientemente no pueden haberse resuelto), no se solucionan con el paso del tiempo, pueden volver a surgir en circunstancias adversas.
Por otro lado, la represión de las emociones, en un intento por no sufrir, anula también la capacidad de sentir alegría, de disfrutar los sentimientos gozosos de cosas aparentemente sencillas como beber un zumo de frutas, la belleza de las flores, comer un trozo de pan casero, contemplar un paisaje, el movimiento del agua, la simpatía de una persona, la ingenuidad, la brisa del mar…

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

Ni culpar, ni culparse

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  Uno de los grandes obstáculos para solucionar los conflictos es el habito mental de culpar, bien sea culpar a los demás como a uno mismo. Tanto si se culpa verbalmente o sólo mentalmente, surgirá rabia, animadversión, odio…, y posteriormente cansancio, decaimiento. Esto no sólo no solucionará el problema original, sino que lo pondrá más dificil. // One of the biggest obstacles to conflict resolution is the mental habit of blaming, either blame others as yourself. Whether verbally or just mentally, after you blame, anger arises, animosity, hatred … and then tiredness, weakness. That habit does not solve the original problem, but it will become more difficult.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

Grados de confianza

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En las relaciones personales existen diferentes grados de confianza o cercanía, desde la intimidad en la pareja, la confianza con los seres queridos y los amigos, la cortesía con los conocidos y el respeto por cualquier ser humano. Es un error habitual no distinguir qué cosas pertenecen a uno u otro ámbito, generando conflictos en la relaciones.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

La indignación inteligente

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        Hoy, paseando por la ciudad, nos hemos encontrado con hombres y mujeres adultos pidiendo limosna. En realidad no pedían, mantenían su cestillo en el suelo delante de ellos, algunos avergonzados. En una calle, al amparo de la soledad del mediodía, un anciano descansaba sentado en la acera, derrotado, agotado y solo, con todos sus enseres en una maleta junto a él. Hace unos días vimos a una mujer con un niño, que buscaba en las basuras algo que comer, el niño también buscaba.

¿Qué sociedad hemos forjado que ha dado prioridad a fabricar armas con todo tipo de tecnología, por ejemplo, antes que asegurar las necesidades básicas de los seres humanos? Necesidades comunes a todos, tales como la vivienda, ropa y alimentos. ¿Cómo aceptamos que los gobernantes utilicen el dinero en tantas cosas, sin ocuparse en lo más básico e imprescindible?

Podemos cambiar este estado de cosas si depuramos nuestra mente de años de condicionamiento sobre el paradigma del esfuerzo individual, del sacrificio para lograr, de la supuesta igualdad de oportunidades, la competitividad…, y aprendemos a pensar de otra manera, con inteligencia.

Si utilizáramos nuestra fuerza e inteligencia en colaborar, buscando el beneficio común, tanto en términos de bienestar psicológico como material, ¿no habríamos resuelto ya el hambre en el mundo? ¿No habríamos resuelto el tener una vivienda sin tener que esclavizarnos por 30 o 40 años para pagarla?

        Llevamos milenios tratando de conocer las leyes del Universo, y está muy bien, pero no hemos mostrado mucho empeño en conocer las leyes de nuestra propia mente. Sin embargo, es con nuestra mente con la que vemos e interpretamos el Universo y la Vida en su conjunto. Si ese extraordinario instrumento, que es la mente, está confuso, si no sabemos utilizarlo adecuadamente, la realidad será deformada irremediablemente, con el sufrimiento que ello conlleva. La sociedad que tenemos es fruto de esa confusión, de esa ignorancia.

¿Les da miedo pensar que si tuviéramos nuestras necesidades básicas cubiertas, quizá caeríamos en la indolencia e inactividad? ¿O creen que algunos se aprovecharían de esta situación, y abusarían de la buena voluntad de los demás? Esto no es así. Si cada ser humano tuviera sus necesidades básicas cubiertas, viviríamos todos más tranquilos, el trabajo no sería una esclavitud para poder pagar deudas y sobrevivir. La sociedad en su conjunto sería más inteligente y colaboradora. A todos nos gustaría ser útiles, especialmente cuando no tememos por nuestra supervivencia.

Otro obstáculo que creemos tener es que resultaría muy costoso cubrir estas necesidades básicas para cada habitante del planeta. Una vez más, esto no es cierto. En el planeta hay recursos más que suficientes, tenemos la capacidad técnica y tecnológica, y la mano de obra necesaria. Sólo hace falta un cambio de mentalidad, cambiar el enfoque del beneficio económico como meta, por el del beneficio del bien común, que incluye el propio bienestar.

        Toda la raza humana somos un sólo colectivo. Todos pensamos, sentimos, aprendemos y, en el camino de buscar la felicidad, evolucionamos, aprendemos con los aciertos y errores que nos van sucediendo. Todos formamos parte de un tejido moral que va más allá de la productividad y el beneficio.

La mente, el ser humano que lucha por el beneficio personal, sin tener en cuenta el bien común, está actuando así por miedo, sea o no sea consciente de ello. Miedo a ser pequeño e insignificante, a que le vean débil, a ser despreciado, a no sobrevivir, etc., y generará confusión, orgullo, ambición, odio y frialdad. Una mente así busca tener razón, no comprender, y entonces la mente se torna astuta. La astucia surge del miedo, no de la inteligencia, y conduce a más errores y miedos.

Cuando uno lucha exclusivamente por su bienestar, el miedo aumenta, y enferman la mente y el cuerpo. Pero cuando uno genera odio hacia los que luchan por su interés personal, hacia los que matan con hambre y con bombas, también genera confusión, ignorancia y miedo.

          El instrumento para cambiar el mundo ha de ser la inteligencia, la comprensión, la resolución del miedo (sobre como hacer esto ya hemos escrito en otros artículos y libros). Ha de ser la no separación de unos y otros, ni por ideologías, ni por intereses laborales, ni económicos.

          La revolución ha de ser pacífica en la acción y en el corazón. La indignación ha dado paso a la acción, pero debe ser una acción pacífica, con firmeza pero sin violencia ni agresividad. La firmeza actúa sin agredir al otro, sin odio, con la fuerza de la verdad, facilitando al otro rectificar sin tener que humillarse ni someterse, sino uniéndose a lo correcto: el bien común.

Todos deberíamos levantarnos, insumisos a lo que está sucediendo. La acción no debe ser sólo de los jóvenes, porque entonces fracasará. La indignación no debe ser contra nadie, debe ser contra la ignorancia de la mente humana, tanto de los poderosos, de los banqueros, como de los pobres y de los ricos. La indignación debe ser de los mayores, de los jubilados, de los parados, de los sin techo, de los trabajadores y de los jóvenes, pero también de los profesionales, de los empresarios, de las fuerzas de orden público, de los políticos…, de todos. No debe ser de ninguna afiliación política, porque la indignación frente a la injusticia, pertenece a la conciencia humana en su conjunto.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

Depresión sin medicación

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Según un estudio llevado a cabo en España durante tres años, y publicado en la revista European Psychiatry (Psiquiatría Europea), 8 de cada 10 pacientes abandona la medicación con antidepresivos antes del periodo prescrito. De este porcentaje, el periodo de mayor abandono es en los primeros cuatro meses. Los resultados de esta investigación, realizada por un equipo del Instituto Catalán de Salud y del IDIAP Jordi Gold de Lleida,  evidencia que el tratamiento farmacológico es altamente ineficaz como solución a este trastorno.

Los psicofármacos son medicamentos utilizados para tratar de corregir trastornos cognitivos, emocionales, perceptivos o de conducta. La realidad es que actúan sobre los procesos neuroquímicos cerebrales, alterando la producción o la percepción de los síntomas por parte del sujeto que los consume, lo cual no puede ser una solución del problema psicológico. En el mejor de los casos pueden servir de muleta, es decir, un paliativo temporal de los sintomas. Los problemas de origen psicológico, como la depresión, la ansiedad, agorafobia, etc. sólo pueden resolverse con abordajes psicológicos.

Para solucionar un problema psicológico hay que entender su origen y enfrentar los factores asociados a él, tanto emocional como racionalmente.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

Sobre la naturaleza

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La naturaleza es la parte del planeta menos transformada por la mente y la mano del ser humano. Ha evolucionando a través de milenios, adaptándose al medio y transformándolo al mismo tiempo. Sus formas, colores, olores, sonidos…, están, en su conjunto, en armonía, y producen un gran beneficio en la mente humana.
      Las ciudades han sido ideadas por la mente humana y, por tanto, construidas a su semejanza, con similares problemas y virtudes que los que el ser humano arrastra y logra. Un ejemplo de esto es el ruido mental, o persistente parloteo del pensamiento, en analogía con el ruido de las ciudades.
A la naturaleza uno puede ir con diferentes actitudes, con diversas intenciones. Se puede ir a descansar, a batir la propia marca en el ascenso a una montaña, a comer con amigos, etc.
Pero si por un rato nos sentamos y tratamos de escuchar los sonidos del bosque, o del agua que corre entre las rocas, o del viento, con interés por percibir, la mente se calma, observa, escucha, ve, huele y siente, en completo silencio. Sin que el pensamiento diga nada, ni siquiera “que bonito” “que paz”, sin traducir a palabras lo que ve, oye o siente.
   Entonces la mente está activa y en silencio, un silencio interno que lo inunda todo. Esto produce una gran calma y salud para la mente, el cuerpo y el alma.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez