La indignación inteligente

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        Hoy, paseando por la ciudad, nos hemos encontrado con hombres y mujeres adultos pidiendo limosna. En realidad no pedían, mantenían su cestillo en el suelo delante de ellos, algunos avergonzados. En una calle, al amparo de la soledad del mediodía, un anciano descansaba sentado en la acera, derrotado, agotado y solo, con todos sus enseres en una maleta junto a él. Hace unos días vimos a una mujer con un niño, que buscaba en las basuras algo que comer, el niño también buscaba.

¿Qué sociedad hemos forjado que ha dado prioridad a fabricar armas con todo tipo de tecnología, por ejemplo, antes que asegurar las necesidades básicas de los seres humanos? Necesidades comunes a todos, tales como la vivienda, ropa y alimentos. ¿Cómo aceptamos que los gobernantes utilicen el dinero en tantas cosas, sin ocuparse en lo más básico e imprescindible?

Podemos cambiar este estado de cosas si depuramos nuestra mente de años de condicionamiento sobre el paradigma del esfuerzo individual, del sacrificio para lograr, de la supuesta igualdad de oportunidades, la competitividad…, y aprendemos a pensar de otra manera, con inteligencia.

Si utilizáramos nuestra fuerza e inteligencia en colaborar, buscando el beneficio común, tanto en términos de bienestar psicológico como material, ¿no habríamos resuelto ya el hambre en el mundo? ¿No habríamos resuelto el tener una vivienda sin tener que esclavizarnos por 30 o 40 años para pagarla?

        Llevamos milenios tratando de conocer las leyes del Universo, y está muy bien, pero no hemos mostrado mucho empeño en conocer las leyes de nuestra propia mente. Sin embargo, es con nuestra mente con la que vemos e interpretamos el Universo y la Vida en su conjunto. Si ese extraordinario instrumento, que es la mente, está confuso, si no sabemos utilizarlo adecuadamente, la realidad será deformada irremediablemente, con el sufrimiento que ello conlleva. La sociedad que tenemos es fruto de esa confusión, de esa ignorancia.

¿Les da miedo pensar que si tuviéramos nuestras necesidades básicas cubiertas, quizá caeríamos en la indolencia e inactividad? ¿O creen que algunos se aprovecharían de esta situación, y abusarían de la buena voluntad de los demás? Esto no es así. Si cada ser humano tuviera sus necesidades básicas cubiertas, viviríamos todos más tranquilos, el trabajo no sería una esclavitud para poder pagar deudas y sobrevivir. La sociedad en su conjunto sería más inteligente y colaboradora. A todos nos gustaría ser útiles, especialmente cuando no tememos por nuestra supervivencia.

Otro obstáculo que creemos tener es que resultaría muy costoso cubrir estas necesidades básicas para cada habitante del planeta. Una vez más, esto no es cierto. En el planeta hay recursos más que suficientes, tenemos la capacidad técnica y tecnológica, y la mano de obra necesaria. Sólo hace falta un cambio de mentalidad, cambiar el enfoque del beneficio económico como meta, por el del beneficio del bien común, que incluye el propio bienestar.

        Toda la raza humana somos un sólo colectivo. Todos pensamos, sentimos, aprendemos y, en el camino de buscar la felicidad, evolucionamos, aprendemos con los aciertos y errores que nos van sucediendo. Todos formamos parte de un tejido moral que va más allá de la productividad y el beneficio.

La mente, el ser humano que lucha por el beneficio personal, sin tener en cuenta el bien común, está actuando así por miedo, sea o no sea consciente de ello. Miedo a ser pequeño e insignificante, a que le vean débil, a ser despreciado, a no sobrevivir, etc., y generará confusión, orgullo, ambición, odio y frialdad. Una mente así busca tener razón, no comprender, y entonces la mente se torna astuta. La astucia surge del miedo, no de la inteligencia, y conduce a más errores y miedos.

Cuando uno lucha exclusivamente por su bienestar, el miedo aumenta, y enferman la mente y el cuerpo. Pero cuando uno genera odio hacia los que luchan por su interés personal, hacia los que matan con hambre y con bombas, también genera confusión, ignorancia y miedo.

          El instrumento para cambiar el mundo ha de ser la inteligencia, la comprensión, la resolución del miedo (sobre como hacer esto ya hemos escrito en otros artículos y libros). Ha de ser la no separación de unos y otros, ni por ideologías, ni por intereses laborales, ni económicos.

          La revolución ha de ser pacífica en la acción y en el corazón. La indignación ha dado paso a la acción, pero debe ser una acción pacífica, con firmeza pero sin violencia ni agresividad. La firmeza actúa sin agredir al otro, sin odio, con la fuerza de la verdad, facilitando al otro rectificar sin tener que humillarse ni someterse, sino uniéndose a lo correcto: el bien común.

Todos deberíamos levantarnos, insumisos a lo que está sucediendo. La acción no debe ser sólo de los jóvenes, porque entonces fracasará. La indignación no debe ser contra nadie, debe ser contra la ignorancia de la mente humana, tanto de los poderosos, de los banqueros, como de los pobres y de los ricos. La indignación debe ser de los mayores, de los jubilados, de los parados, de los sin techo, de los trabajadores y de los jóvenes, pero también de los profesionales, de los empresarios, de las fuerzas de orden público, de los políticos…, de todos. No debe ser de ninguna afiliación política, porque la indignación frente a la injusticia, pertenece a la conciencia humana en su conjunto.

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez

2 Respuestas

  1. Javier

    “Bravo” gracias,no tengo comentarios, nada mas que de agradecimiento por poder leer,estas verdades. Cuanto me gustaria oir algo parecido, a los que estan gobernando y los que quieren gobernar,no solo aqui, si no en todo el mundo. Gracias

  2. Bueno, lo cierto es que hasta ahora no había entrado en tu sitio, pero de ahora en adelante te diria que voy a venir mas veces.

    Saludos!

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