A lo largo de nuestra vida hemos viajado por el mundo, siempre con curiosidad por entender la vida y la mente humana. En algunas ocasiones nos hemos instalado para vivir, por largos o por cortos periodos de tiempo, en diferentes localidades y países. 

En la mayoría de nuestros viajes iniciales no llevábamos con nosotros cámaras fotográficas o de video, y la mayoría de las imágenes que teníamos, entre mudanzas y aventuras, quedaron por el camino. Dicho esto, vamos a compartir algunas de nuestras vivencias.

ENCUENTRO EN NEPAL

En Bhaktapur, marzo de 1997 (María y Jesús)
En Bhaktapur, marzo 1997 (María y Jesús)

     Fuímos a Nepal sin objetivos y por tiempo indefinido. Instalarse a vivir allí supuso una inmersión titánica en la cultura, con un fuerte contraste en las costumbres y formas de vida, el ritmo, la alimentación, las diferentes filosofías y religiones: hinduistas, budistas, musulmanes, animistas… Todo ello nos obligó a reordenar completamente las costumbres y hábitos de nuestra mente, en un corto espacio de tiempo. En este país, como en muchos otros de Asia, la religión tiene una gran influencia, sea de una u otra creencia, y suelen preguntar al recién conocido, con toda naturalidad, acerca de cuál es su religión.Durbar Square, Kathmandu

Como contamos en el libro “Caminando por el techo del mundo”, en nuestra aventura nepalí atravesamos difíciles circunstancias que nos sirvieron para ahondar en el miedo y la incertidumbre. Y como en otras ocasiones, la relación con las numerosas personas con quien fuimos conviviendo, nos ayudó a entender mejor la mente humana; lugareños y viajeros, con diferentes y peculiares proyectos y formas de vivir.

Durbar Square, Kathmandu

Además de la aventura al monasterio de Bigu Gompa, en la que nos apoyamos para escribir “Caminando por el techo del mundo”, en Nepal vivimos otros viajes. Uno de ellos fue una subida que hizo María (antes de encontranos y seguir viaje juntos) de 12 días a través de los Himalayas Occidentales, partiendo de Pokhara hasta llegar a Muktinath, un santuario a 4.000 metros de altitud, sagrado tanto para hinduistas como budistas. El último tramo era una ascensión de pendiente muy pronunciada que precisaba varias horas culminar. En este tramo María se encontró con una multitud de peregrinos de toda clase y condición: mujeres y hombres, muchos de ellos ancianos que apenas podían dar un paso por las verticales y peligrosas laderas. También un rajá ricamente ataviado con vestiduras de seda roja brillante, grandes joyas y un vistoso turbante rematado con una gran piedra verde, que avanzaba rodeado de sirvientes. Hombres jóvenes portaban cestas de mimbre

cargadas a sus espaldas, con un anciano dentro! Algunos ancianos estaban tumbados a ambos lados del camino dando sus últimas bocanadas de aire. Una fe inquebrantable, difícil de explicar, movía a todos a continuar. Aquella dramática peregrinación no era muy diferente al paso de la raza humana por la Tierra.

Darío y Jesús, descendiendo de un mirador del monte Machapuchare (Cola de Pez)
Jesús, descendiendo de un mirador del monte Machapuchare (Cola de Pez)

 

María con un grupo de sonrientes niños tibetanos, en un campo de refugiados cerca de la ciudad de Pokhara
María con un grupo de sonrientes niños tibetanos, en un campo de refugiados cerca de la ciudad de Pokhara

 

 

 

 

 

Paseo en elefante por Chitwan National Park
En elefante por Chitwan National Park
María y Darío en casa de un amigo nepalí (derecha)
María en casa de un amigo nepalí

En otra ocasión nos retiramos por un tiempo a un poblado del sur, en las llamadas tierras bajas del Terai, en plena selva subtropical, una cara menos conocida de Nepal. Las casas de los moradores eran de barro, sencillas y con dibujos geométricos pintados en las fachadas. Al anochecer oíamos los sonidos de los animales salvajes, incluidos los rugidos de los tigres de bengala, muy cerca de nuestra casa. Durante el día realizamos varias excursiones al Parque Nacional de Chitwan, donde subidos a un elefante pudimos observar la exuberante naturaleza en estado salvaje: rinocerontes asiáticos, un leopardo cazando, pavos reales, los destrozos que los elefantes salvajes habían hecho a un puesto de guardas, ciervos, monos, aves, cocodrilos… En otra excursión, esta vez en vehículo todo terreno, durante una parada para observar los termiteros, nos topamos a escasos metros con una pantera negra. Cuando se alejó, avanzamos con el vehículo unos pocos metros, y entonces nos cruzamos con una mujer occidental que caminaba junto a su guía local en dirección al lugar del que veníamos. Iba tranquila, ignorando el peligro. Les avisamos de la cercanía de la pantera, pero la mujer no nos creyó. Su cuerpo estaba en la selva, su mente creía estar en un parque zoológico, en el que todo debía estar bajo control, y siguió su camino. El razonamiento de los lugareños parecía ser: “si los turistas quieren hacer excursiones a píe a pesar del peligro…” El de muchos turistas era: “si ofrecen excursiones a pié no debe ser en realidad peligroso”. Allí pasamos la navidad del año 1996, en la selva, continuando con nuestra investigación. Conseguimos dos porciones de tarta de chocolate para celebrar el año nuevo.

                                         ÚLTIMA VISITA A ESTADOS UNIDOS

Jesús en la Avenida Madison, de Nueva York
Jesús en la Avenida Madison, de Nueva York

     Esta última visita a los Estados Unidos fue en el año 2008. Jesús ya había vivido con anterioridad en Nueva York, en Franklin Street, pero en este viaje juntos, fuimos además a la costa oeste del país, a varios lugares del estado de California.

Nueva York es un conglomerado de culturas y gentes de todo el mundo. Nos gustó la cercanía de la gente, comunicativa y respetuosa en el trato. Un peculiar compañerismo que convive con el énfasis en el esfuerzo individual. Es sencillo adaptarse a esa apertura en la relación cotidiana, al tiempo que también es fácil caer en el aislamiento y el individualismo. En muchos sentidos nos recordaba a alguna de las ciudades de India, donde la opulencia y la pobreza van de la mano, el mal estado de conservación de muchos edificios, la escasa renovación del mobiliario urbano, etc.

Contrastes de Nueva York
Contrastes de Nueva York
Comprando agua en un puesto callejero, cerca de Wall Street
Comprando agua en un puesto callejero, cerca de Wall Street
Upper West Side, el barrio elegante de NY.
Upper West Side, el barrio elegante de NY.

                                                                                                                                        Uno de los factores de mayor desamparo de las personas en este país es la inexistencia de un sistema sanitario público y la encarecida sanidad privada. También llama la atención ver a tanta gente que duerme a la intemperie, los conocidos como “homeless” (sin casa). Observamos con tristeza a un “nuevo pobre”, un hombre mayor y bien vestido, asustado ante su primera noche en la calle. Al caer la noche, paseando por algunos barrios, los bancos, los portales y escondrijos se llenan de personas, hombres, mujeres y niños que duermen entre cartones.

Músicos callejeros junto a Central Park, Maria sentada al fondo
Músicos callejeros junto a Central Park, Maria sentada al fondo

Alquilamos un apartamento en el centro de la ciudad, en Murray Hill cerca de la calle 37 con Lexinton Ave. El primer día, impregnados por la gran cantidad de puestos callejeros y locales de comida para llevar, llamados Deli (abreviatura de delivery que significa reparto o entrega), nos dejamos seducir por el buen aspecto de uno de ellos.  Somos vegetarianos, y allí había bastantes alimentos y platos vegetarianos. Elegimos unos aparentes, aunque industriales, rollos de crepe rellenos de verduras sazonadas. Fue la única vez que consumimos este tipo de comida,

Una calle en Down Town, algunas nos recordaban a las calles de la India.
Una calle en Down Town, muchas calles nos recordaban a las de la India.

nos resultó indigesta. De modo que, al día siguiente, bajamos a un supermercado cerca del apartamento. Había muchas verduras pre-cocinadas, salsas y ensaladas semi-preparadas, muy aparentes pero de procesado industrial igualmente. Tampoco nos sentó nada bien esta comida, a pesar de que compramos lo más sano que encontramos allí. A partir de entonces, comíamos en casa. Nos acercábamos a alguno de los supermercados de cultivo biológico que había por la ciudad, muy bien abastecidos, o al gran mercado de los jueves de cultura biológica en Unión Square, del que disfrutamos considerablemente, y cocinabamos los ricos alimentos.

Maria junto a una sequoia gigante, Sequoia National Park, California
Maria junto a una sequoia gigante, Sequoia National Park, California

Desde NY viajamos a Los Ángeles, y desde allí, alquilando un coche, viajamos por California, Ojai, Sierra Nevada y Sequoia Nacional Park. Paseamos por las playas del océano Pacífico y visitamos Hollywood, un barrio de Los Ángeles.

El conocido bulevar de las estrellas, el teatro chino, las huellas de los actores en el pavimento, etc, todo nos pareció feo, oscuro, artificial y decadente. Un gran número de turistas pasean por allí tratando de ver lo que está en sus memorias como “glamuroso mundo de hollywood”. Inexistente, salvo que uno no quiera ver la realidad.

María en la terraza de la casa, a las afueras de Los Angeles, California.
María en la terraza de la casa, a las afueras de Los Angeles, California.

En Los Ángeles alquilamos una casita retirada del bullicio de la ciudad, en medio de un jardín y con una amplia terraza. Por las mañanas nos encantaba desayunar allí sentados, escuchando el sonido de los árboles movidos por el viento. Viajamos hasta Sierra Nevada para visitar Sequoia Nacional Park. Disfrutamos mucho en estos bosques de secuoyas rojas de California.

María y Jesús, en los jardines de la casa en LA.
María y Jesús, en los jardines de la casa en LA.

Nos encantaron, nos conmovieron. Pasamos un día junto a estos gigantes antiguos y extraordinarios, algunas de más de 2.000 años, que resisten al fuego que cada año les acosa más de cerca. Todas ellas majestuosas y diferentes. Algunas de más de 80 metros de altura y 30 metros de diámetro. Estos árboles son unos de los seres vivos más antiguos del planeta.

 

 

                          EL SALVADOR, CENTROAMERICA Y CARIBE

Jesús vivió durante dos años, de diciembre de 1993 a diciembre de1995, como cooperante en el Salvador, en la

El maiz es el alimento básico de los paises centroamericanos, desde el tiempo de los mayas.
El maiz es el alimento básico de los paises centroamericanos, desde el tiempo de los mayas.

zona del Bajo Lempa, en las comunidades La Canoa y Amando López, aunque también colaboró con algunas otras comunidades de la zona. Esto, en ocasiones, en coordinación con una ONG local, Codecosta, otra de EEUU, la Universidad Centroamericana JSC, UCA, el Servicio Jesuíta para el Desarrollo, Médicos Sin Fronteras y otros organismos.
La comunidad de La Canoa está en el interior de la selva, y se accedía a ella a través de un camino imposible, sin asfalto, inundado y embarrado, o lleno de polvo en la época seca. Caminando, se tardaba cinco horas desde La Canoa hasta la carretera asfaltada del litoral, “la calle negra”. Con peligro de ser asaltados por bandas armadas que permanecían activas al terminar la guerra civil que sufrió el país.

El camino hacia las comunidades era incomodo en la época seca, y en la lluviosa muchas veces imposible.
El camino hacia las comunidades era incomodo en la época seca, y en la lluviosa, muchas veces, imposible.
Centroamerica es una tierra de volcanes. Sólo en El Salvador hay 23 volcanes considerados activos.
Centroamerica es una tierra de volcanes. Sólo en El Salvador hay 23 volcanes considerados activos.

La guerra civil, que había durado 12 largos años, había acabado en 1992, unos meses antes de la llegada de Jesús al país. Muchos odios y venganzas aún estaban sin resolver, y la situación era bastante peligrosa. Por aquella zona al este del país se asentaron, en diferentes comunidades, grupos de ex-combatientes de ambos bandos, guerrilleros y

En la cocina de la escuela de La Canoa, Bajo Lempa, El Salvador.
En la cocina de la escuela de La Canoa, Bajo Lempa, El Salvador.

soldados; y ex-refugiados, personas que se habían refugiado en otros países durante el conflicto. El asentamiento fue una dura prueba para todos ellos.
El trabajo de Jesús en El Salvador suposo un gran reto, una experiencia que ponía a prueba los fundamentos y las ideas sobre la

además de los mangos, más numerosos, había otras sabrosas frutas que comer ocasionalmente: cocos, guayabas, zapotes, mameys... Los marañones (en esta foto), cuya semilla es el anacardo, son apreciados por su zumo o jugo, la carne no se puede comer, es como masticar una esponja.
Además de los mangos, más numerosos, había otras sabrosas frutas que comer ocasionalmente: cocos, guayabas, zapotes, mameys… Los marañones (en esta foto), cuya semilla es el anacardo, son apreciados por su zumo o jugo, la carne no se puede comer, es como masticar una esponja.

existencia humana. Con grupos enfrentados, en casas hechas con maleza en mitad de la selva. Una población que empieza de cero o, podría decirse, por la dureza de lo vivido, que comenzaba desde menos diez. Había que afrontar la solución de las necesidades más básicas, como el alimento, agua potable y un refugio nocturno. Después, la necesidad de educación y escolarización, atención sanitaria, transporte, herramientas, organización…, también consejo y consuelo, amistad y solidaridad. Todo esto bajo la amenaza de crecida del caudaloso río Lempa, y sus devastadoras consecuencias. Muy pocos recursos para tantas necesidades.

Una vivienda habitual de los primeros tiempos. Ésta tiene la ventaja de tener tejas, que la hacen más fresca.
Una vivienda habitual de los primeros tiempos. Ésta tiene la ventaja de tener tejas, que la hacen más fresca.

La organización entre las comunidades, la canalización de las ayudas de los diferentes organismos, internacionales y locales, oficiales y no gubernamentales (ONG’s), laicos y religiosos, burocráticos y voluntariosos, los conflictos políticos de la región, la incipiente posguerra, los restos de violencia y los traumas del pasado reciente. Y todo ello en unos cuantos kilómetros cuadrados.

Este era el aspecto de la selva, bosque trópical, de la zona. En la foto, se aprecia la base de una Ceiba un majestuoso árbol.
Este era el aspecto de la selva, bosque trópical, de la zona. En la foto se aprecia la base de una Ceiba, un majestuoso árbol.

“Por otra parte, los problemas de visado, y el recelo de las autoridades, me obligaban, como colaborador extranjero free-lance (que no tenía inicialmente un respaldo oficial ni de una ONG), a salir del país con cierta regularidad.

Honduras. La forma más habitual de viajar entre ciudades, o a países colindantes, era en estos coloridos autobuses.
Honduras. La forma más habitual de viajar entre ciudades, o a países colindantes, era en estos coloridos autobuses.

De manera que me vi obligado a pasar algún tiempo en los países colindantes: Nicaragua, Honduras, Guatemala, Cuba… Esto me permitió entender las diferencias y las semajanzas en las diversas condiciones, casi siempre difíciles, en las que vivían los habitantes de esta exuberante parte del mundo que es Centroamérica y Caribe”.

El Torogoz, la bellísima ave nacional de El salvador.
El Torogoz, la bellísima ave nacional de El salvador.

Jesús recibió la donación de un caballo con el que se desplazaba por la zona, también lo prestaba para labores agrícolas y ganaderas. Cultivó una pequeña “milpa”, un pedazo de tierra sembrada de maíz, y vivió en comunidad en una de aquellas humildes casas hechas con troncos y palos.

Guatemala tiene una gran riqueza cultural. Entre otras maravillas, la colorida vestimenta de las comunidades indigenas.
Guatemala tiene una gran riqueza cultural. Entre otras maravillas, la colorida vestimenta de las comunidades indigenas.

Trabajó para la ONU en 1994 en las primeras elecciones democráticas del país tras el conflicto armado.

Honduras. En la costa atlántica habitan poblaciones de etnia Garífuna, de raza negra y habla inglesa. Es una región de una gran belleza natural.
Honduras. En la costa atlántica habitan poblaciones de etnia Garífuna, de raza negra y habla inglesa. Es una región de una gran belleza natural.

Aunque participó en proyectos principalmente educativos, la difícil situación en que se encontraba aquella zona, le llevó a colaborar en proyectos de toda indole, desde programas de alimentación hasta la construcción de viviendas.

Nicaragua era un país convulso en aquellos años, tras el auge y la derrota del mocvimiento sandinista. Managua, en la foto, es una peculiar ciudad sin un centro definido.
Nicaragua era un país convulso en aquellos años, tras el auge y la derrota del movimiento sandinista. Managua, en la foto, es una peculiar ciudad sin un centro definido.

En aquellos tiempos difíciles, la increíble riqueza natural fue, junto a la solidaridad humana, un bálsamo inestimable.

Cuba tenía su partícular situación, dónde la población se hallaba fuertemente educada y preparada, pero la escasez de medios era indescriptible. En la foto, la avenida del Malecón, en La Habana.
Cuba tenía su partícular situación, dónde la población se hallaba fuertemente educada y preparada, pero la escasez de medios era indescriptible. En la foto, la avenida del Malecón, en La Habana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

               PIRINEOS, MARAVILLA NATURAL

Panorámica de Sallent de Gállego, Huesca, Pirineo Aragonés.
Panorámica de Sallent de Gállego, Valle de Tena, Pirineo Aragonés.
En el Parque Nacional de Aiguas Tortes, Valle de Boí.
En el Parque Nacional de Aiguas Tortes, Valle de Boí.

     Desde que vivimos en Huesca tenemos la inmensa fortuna de tener cerca el Pirineo, con sus innumerables parajes naturales. Ha sido difícil seleccionar las fotos.

El Pirineo, o los Pirineos, es una majestuosa cordillera montañosa que se extiende desde el mar Cantabrico hasta el Mediterraneo, en la frontera entre España y Francia, y con un pequeño pais, Andorra, en su interior. Es un lugar poco poblado, salpicado de Parques Naturales que favorecen su excelente conservación, un majestuoso macizo montañoso, acogedor en verano y digno de respeto en invierno.

María y Jesús frente al Ibón de Billamuerta, En el Valle de Benasque.
María y Jesús frente al Ibón de Billamuerta, En el Valle de Benasque.

En sus territorios hay múltiples actividades que llevar a cabo, que varían según la estación del año, aunque lo que marcará la verdadera diferencia es saber apreciar su belleza e impregnarse del lugar. Para nosotros es un regalo vivir tan cerca.

Jesús y el coche quedan diminutos frente a los gigantescos abetos de la Selva de Oza, en el Valle de Echo.
Jesús y el coche quedan diminutos frente a los gigantescos abetos de la Selva de Oza, en el Valle de Echo.

Aunque practicamos algunos deportes en la montaña, esporádicamente y como diversión, sobre todo disfrutamos paseando por los solitarios e innumerables senderos de los Pirineos. Las imágenes, olores y sonidos de la naturaleza transforman nuestro cuerpo y nuestra mente. Nos encanta descubrir los ibones y lagos recónditos, los bosques, las praderas, las cascadas, los ríos… Charlando o en silencio, es un viaje de renovación personal.

La pirenaica Flor de Noche.
La pirenaica Flor de Noche.

Las diferentes estaciones del año cambian radicalmente el paisaje, de manera que siempre sorprende y asombra. El hielo del invierno, con la ausencia casi total de animales, el silencio y la inmaculada soledad. La nieve, fría y mullida, que invita a jugar, a sentirse explorador de lo inhóspito. Los mantos multicolores de la primavera con la ola de insectos, aves, roedores, y los perfumes de las plantas… Los pardos y amarillos del verano, con el sol radiante. Y el esplendor de los árboles en otoño, con sus múltiples colores y flores tardías.

María al comienzo de una ascensión, junto al río Cinca, en el Valle de Pineta.
María al comienzo de una ascensión, junto al río Cinca, en el Valle de Pineta.

Escuchamos el silencio de las montañas, o el rumor del viento moviendo las hojas. Sentimos la belleza de los lugares, olemos el aroma de sus bosques, de la tierra. Compartimos el descubrimiento con nuestros compañeros de viaje, sin interpretar, entrando en contacto directo con lo que vemos, olemos, oímos y sentimos.

Tras una pronunciada subida llegamos a un maravillosa pradera, camino de Güérri, en el Valle de Arán.
Tras una pronunciada subida llegamos a un maravillosa pradera, camino de Güérri, en el Valle de Arán, Pirineo Catalán.

Tras una jornada caminando por las montañas, volvemos a casa con el cuerpo cansado, el alma alegre y la mente tranquila.

María en la hermosa Pradera camino de Güérri.
María en la hermosa Pradera camino de Güérri.
Paisaje otoñal en el Valle de Sorteny, en Andorra.
Paisaje otoñal en el Valle de Sorteny, en Andorra.
Una hermosa vaca de raza pirenaica.
Una hermosa vaca de raza pirenaica.
Regocijo y alegría al final de la jornada, tras una excursión un día nublado en el Parque Natural Posets-Maladeta.
Regocijo y alegría al final de la jornada, tras una excursión en el Parque Natural Posets-Maladeta.
Hermosa estampa invernal de las montañas.

La belleza en otoño es indescriptible. En este casoen la Selva de Irati, Valle de Aezkoa.

La belleza en otoño es indescriptible. En este caso en la Selva de Irati, Valle de Aezkoa.

                SUDÁFRICA, TIERRA ANCESTRAL

 

Maria durante un desayuno en el P.N. Kruger.
Maria durante un desayuno en el P.N. Kruger.
Ballena franca asomando la cabeza, bahía de Hermanus
Ballena franca asomando la cabeza, en la bahía de Hermanus

La llamada Cuna de la Humanidad, en Maropeng, fue nuestra primera escala tras dejar la capital, Johannesburgo. La Cuna de la Humanidad se halla en una zona árida, un ancestral paisaje africano donde se encuentran los yacimientos paleo-antropológicos en los que se han hallado vestigios de los primeros seres humanos que habitaron el planeta, de hace 3,3 millones de años.

Unos días después volamos a Ciudad El Cabo, una interesante mezcla de espacios naturales, casas coloniales y un bello puerto. Y de allí a Hermanus, una ciudad costera en el centro de una gran bahía a la que acuden cada año cientos de ballenas francas a reproducirse. Puede contemplarse cómo se aproximan, con sus cerca de 80 toneladas, en un especial encuentro al borde de los acantilados en el que, humanos y cetáceos, se observan mutuamente con curiosidad. En el lado de los humanos se respira un ambiente de hermandad sin palabras, como si al observar a los colosos del mar, surgiera la conciencia de pertenecer a una especie común. Era invierno en la zona, y el viento que llegaba desde la antártida era frío, y a pesar de ello,

Ventanal de la habitación, Hermanus
Ventanal de la habitación, Hermanus

nadie se iba de la pedregosa costa. Habíamos elegido un hotel al lado de los acantilados, y desde nuestra habitación se contemplaban el mar y las ballenas. También se avistaban tiburones y otros cetáceos.

Recorrimos la costa sur del continente africano y llegamos hasta Port Elizabet, dónde alquilamos un coche y nos dirigimos al interior de un parque natural con intención de encontrarnos con otros colosos, esta vez terrestres, los elefantes. Nos alojamos en una

Un Kudu, un impresionante antilopede más de 2 metros, en Addo Elephant N.P.
Un Kudu, un impresionante antilope de más de 2 metros, en Addo Elephant N.P., Port Elizabeth

confortable cabaña de madera dentro del Parque Nacional Addo

Elefante en Addo Elephant, Port Elizabeth
Elefante africano, en Addo, Port Elizabeth

Elephant. El primer día, anhelantes por contemplar a los elefantes en su medio natural, dejamos las maletas en la cabaña y nos adentramos con el coche por la extensa sabana. Nos acercamos a una colina señalizada como una un mirador desde el que se contemplaba una charca a la que, estábamos seguros, irían los elefantes y otros animales a beber. Nos pareció un sitio ideal para ver la fauna salvaje. Había unos rústicos asientos y un par de letreros en los que se podía leer: “Cuidado con los leones” y “Bajarse del vehículo es su propia

En el porche de la cabaña en Addo Elephant, Port Elizabeth
En el porche de la cabaña, en Addo.

responsabilidad”.  Y, efectivamente, había rastros de animales por allí. La contradicción entre los letreros y los asientos evocó nuestra experiencia en Chitwan (ver Encuentro en Nepal). Además de elefantes, pudimos contemplar otras muchas especies, y disfrutamos mucho recorriendo el extenso parque. Nos quedamos unos días a descansar en aquel edén.

Trabajadores sudafricanos.
Trabajadores sudafricanos

A lo largo del viaje fuimos contactando con diferentes personas de todos los estratos sociales: charlamos con sudafricanos de cultura Boer, de raíces holandesas; con personas de raza negra de diferentes etnias, como los Xhosa de Maropeng o los Zúlu de Durban; con una mujer de raíces y cultura hindúes, o el amable y cosmopolita dueño de una tienda en Ciudad El Cabo, sudafricano de raza blanca pero, como nos aseguró, con ancestros de múltiples países europeos, del este y el oeste. En la ciudad de Durban fue dónde más ahondamos en el lado humano y psicológico de los habitantes de Sudáfrica. Es una ciudad con una población multirracial: negros, blancos, asiáticos y mestizos.

María en el paseo maritimo de la ciudad de Durban
María en el paseo maritimo de la ciudad de Durban
Hipopótamos y cocodrilos en el rio Oliphant, en Kruger Nat.ParK
Hipopótamos y cocodrilos en el rio Oliphant, en Kruger Nat.ParK

En Durban, vivimos una chocante experiencia al reencontrarnos con la cultura Hindú fuera de la India: los rostros típicamente indios, las especias, los ritos religiosos, las guirnaldas de flores, los saris, la música y el idioma. Pero más chocante aún fue comprobar que estos descendientes de la India no se identificaban con aquel país, se sentían sudafricanos. También tuvimos un fructífero encuentro con un atento taxista al que recurríamos en nuestros desplazamientos por toda la ciudad, y con el que acabamos teniendo una larga conversación sobre la situación del país, sobre cómo había vivido él, siendo de raza negra y raíces zulúes, los años bajo el protectorado británico, la posterior época del terrible “apartheid” y la actual etapa, en la que aún existen grandes desigualdades sociales.

Muchos animales pastan en compañia de otros, en este caso jirafas y antilopes rooiboks
Muchos animales pastan en compañia de otros, en este caso jirafas y cebras

Despedimos nuestra estancia en Sudáfrica pasando unos días en el colosal Parque Nacional Kruger, una enorme extensión que de norte a sur tiene 350 km de largo, al este del país. En la actualidad han unido este parque con otros colindantes de Mozambique y Zimbabwe, denominándolo Gran Limpopo.

Típica construcción sudafricana, eficaz frente al calor
Típica construcción sudafricana, eficaz frente al calor

Junto al parque hay grandes reservas privadas, algunas de ellas de caza mayor. En el pequeño aeropuerto privado en el que aterrizamos, y desde el que partimos, nos encontramos con cazadores, con sus armas enfundadas en estuches de cuero, y con prisa por matar. Algunos de estos cazadores eran aún jóvenes imberbes, otros de edad avanzada, y uno de ellos no podía caminar, aunque sí sujetaba su rifle sentado en su silla de

en uno de los pocos lugares seguros para contemplar la sabana fuera del vehículo, en el parque Kruger
En uno de los pocos lugares seguros para contemplar la sabana fuera del vehículo, en el parque Kruger

ruedas. Era lamentable verlos tan entusiasmados, pues era evidente que desconocían los perjuicios psicológicos que acarrea la caza para el que la practica.

Desayunando en la copa de una enorme higuera, a la orilla del río Oliphant, un lugar espectacular

Pasamos días observando animales, manadas de jirafas, búfalos y ñues, cebras y avestruces. Nos deleitamos observando las diferentes asociaciones entre animales, por ejemplo, manadas deJesús, durante el desayuno cebras y jirafas juntas, otro grupo de ciervos, ñues y cebras, incluso un grupo de diferentes herbívoros que ramoneaban en compañía de un mono gris. Los pájaros también eran muy bellos y variados, algunos de colores brillantes e irisados. También fue emocionante ver los imponentes baobab, los célebres árboles

La bellisima Carraca multicolor sudafricana levantando el vuelo
La bellisima Carraca multicolor sudafricana levantando el vuelo

de los que la leyenda dice que están al revés, pues sus ramas parecen raíces en el aire. Por la noche, desde nuestra cabaña, escuchando el característico bramido de los hipopótamos, uno se sentía en África…, y en casa, una antigua y lejana casa.

Un magnifico Baobab al atardecer

Un grupo de cebras y antilopes RooiboK viajando juntosUn Ñu Azul, un hermoso animal ágil y fuerte

 

Más en Facebook: