Las emociones y el tiempo

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Muchas personas piensan, probablemente sin haber reflexionado sobre ello, que las emociones que se sienten en la infancia son cosas de niños, que desaparecen con la edad. Pensando de este modo, creen que con la edad uno no debería sentir temores, que no debería emocionarse con ciertas cosas, o disfrutar con cosas sencillas como un niño. Pero ser maduro no significa ser insensible, ni significa no tener emociones. 

Por un lado, las emociones que se reprimen, en la infancia o despues, que no se han afrontado y sentido conscientemente, seguirán pendientes de resolver, por mucho tiempo que pase. Los temores que no se han resuelto (y si no se han sentido conscientemente no pueden haberse resuelto), no se solucionan con el paso del tiempo, pueden volver a surgir en circunstancias adversas.
Por otro lado, la represión de las emociones, en un intento por no sufrir, anula también la capacidad de sentir alegría, de disfrutar los sentimientos gozosos de cosas aparentemente sencillas como beber un zumo de frutas, la belleza de las flores, comer un trozo de pan casero, contemplar un paisaje, el movimiento del agua, la simpatía de una persona, la ingenuidad, la brisa del mar…

Por María Ibáñez y Jesús Jiménez