Introducción

    La forma correcta de abordar los conflictos, no debe basarse únicamente en el intelecto, es decir, en el razonamiento, la fuerza de voluntad, los patrones de conducta a seguir..., hacerlo así tendrá necesariamente efectos limitados...

   ...porque un problema, cualquiera que éste sea, tiene además de un componente racional o cognitivo, esto es, ideas, recuerdos, pensamientos, conceptos..., un componente emocional o afectivo: inseguridad, ansiedad, irritabilidad, miedo, tristeza, rencor, etc. Abordar ambos aspectos, es imprescindible para alcanzar una verdadera solución del conflicto.

   Racionalizar, recordar los hechos, encontrar explicaciones, etc., favorece un cierto orden mental que, aunque en sí mismo es beneficioso, será insuficiente. La parte emocional suele quedar atenuada, reprimida, se pospone y, de este modo, el conflicto no se soluciona. Tampoco se debe confundir la expresión o liberación de la energía de la emoción, con la emoción misma. La liberación de energía emocional produce un cierto alivio, alivio pasajero, pero la propia emoción y su origen quedan sin comprender y, por tanto, sin ser resuelta.

   Así como el dolor físico nos indica que en el organismo hay algo que anda mal, algo cuyo causa debemos descubrir y solucionar, el sufrimiento, sea éste el que sea (ansiedad, irritabilidad, angustia, depresión, miedo, soledad, etc.), nos pone sobre aviso de que algo hay que entender y resolver en nuestra psique o conciencia, y debemos, de igual manera, alcanzar el origen de ese sufrimiento para llegar a una solución verdadera.